“Ganamos 200 dólares (175 euros) al mes y luego tienes que pagar de ahí todos los gastos”, afirma Francis Tenor, presidente de la cooperativa cacaotera de Boase Sibi en la región Oriental de Ghana, rodeado de pequeñas casitas sin electricidad donde viven sus colegas agricultores. En un solo año, el precio del cacao, fijado por el gobierno de Ghana según el mercado internacional, ha caído un 30% mientras que los costes de producción no dejan de aumentar.
Durante décadas, la expansión de las plantaciones hacia nuevas tierras —incluidos bosques— ha sido una de las vías para aumentar la producción agrícola. Sin embargo, la expansión de las plantaciones de cacao ha tenido en Ghana un elevado coste ambiental. Solo entre 2019 y 2022 ha provocado la deforestación de unas 39.497 hectáreas de bosque, según un estudio de la ONG Mighty Earth.
Para frenar pérdidas de bosque como estas, la Unión Europea (UE) aprobó en 2023 el Reglamento sobre productos libres de deforestación (EUDR, por sus siglas en inglés), una de las legislaciones más ambiciosas del mundo, que entrará en vigor este diciembre para las grandes empresas y en junio de 2027 para las pequeñas. La norma prohíbe comercializar en el mercado europeo cacao, café, ganado, soja, aceite de palma, caucho y otros productos procedentes de tierras que hayan sido deforestadas después del 31 de diciembre de 2020. Tenor ya está preparado para cumplir la nueva ley, pero duda de que pueda hacerlo a largo plazo si los ingresos de los agricultores no mejoran. “Si no se hace nada con respecto al precio, será difícil cumplir con el EUDR”, afirma.
En la bulliciosa capital de Accra, Wisdom Kofi Dogbey, director general de Cocoa Marketing Ghana, la empresa pública que controla la venta del cacao en Ghana, recibe a EL PAÍS en su gran despacho climatizado. “Todos los agricultores están registrados en el sistema. Puedo seguir la trazabilidad de cada grano de cacao desde la plantación hasta el puerto marítimo”, explica orgulloso Wisdom. Las 790.000 personas inscritas en el sistema de trazabilidad, la casi totalidad de los agricultores cacaoteros del país, tienen una tarjeta con un código QR que contiene la geolocalización de sus campos de cacao. Al escanearlo, se puede verificar si el cacao de ese campesino proviene de zonas deforestadas. Además, todos los actores en la cadena de valor han de estar registrados. Al exportar a Europa, las autoridades portuarias deberán verificar la documentación e impedir la entrada del cacao que no cumpla los requisitos de la normativa europea.
Incluso en las aldeas perdidas entre montañas, a las que se necesita conducir durante 30 minutos por un camino de tierra lleno de baches y rodeado de bosque primarios, los campesinos han sido formados sobre esta norma. Ghana exporta alrededor del 60% de su producción cacaotera a Europa. La dependencia del mercado europeo ha llevado al Gobierno a hacer importantes esfuerzos y a endeudarse para cumplir las exigencias medioambientales de la UE.
Ghana exporta alrededor del 60% de su producción cacaotera a Europa
Aunque la UE, COCOBOD y las grandes empresas chocolateras han asumido gran parte de la implantación de la UEDR, según confirman Celine Prud’homme, Responsable del programa de agricultura de la delegación de la UE en Ghana, y Bart Vandewaetere, el responsable de Gobierno y medio ambiente, social y gobernanza de Nestlé, cumplir esta nueva ley también supone costes adicionales para los agricultores. Quienes cultivan cacao procedente tanto de parcelas que cumplen la normativa y de otras que no deberán separar toda la producción y en ocasiones vendérsela a compradores diferentes, lo que aumenta la carga de trabajo. “A nivel de equipo, tienen que comprar varias esteras para secar los granos de cacao separados, hacer múltiples procesos de fermentación porque no se pueden fermentar juntos. Todo eso cuesta dinero”, explica Obed, director de la ONG ECOCARE y conocido defensor del medio ambiente en Ghana. Para los agricultores que apenas cobran unos 175 euros al mes, estos gastos adicionales y el incremento de la carga de trabajo pueden resultar difíciles de asumir.
Algunas multinacionales ofrecen comisiones a los agricultores que se adapten a la nueva ley. Según Vandewaetere, Nestlé ya paga una prima a los agricultores que pueden certificar que sus campos están libres de deforestación y aplican ciertas medidas para mejorar la productividad. Para muchos agricultores, estas primas representan una de las pocas oportunidades de aumentar unos ingresos que dependen del precio fijado por COCOBOD según la evolución de los mercados internacionales. La EUDR solo afectará al mercado europeo. Los campesinos que cultivan en suelo deforestado pueden seguir vendiendo sus productos a las multinacionales, que lo exportarán a otros países sin legislación contra la deforestación, como es el caso de Malasia.
Pero las primas no resuelven el problema de los bajos precios del cacao que cobran los agricultores. “Son los europeos los que nos están engañando a los agricultores comprando más barato el cacao para hacer chocolate y obteniendo enormes ganancias,” asevera Tenero. Entre 2020 y 2023, las empresas chocolateras Hershey, Lindt, Mondelēz y Nestlé generaron cerca de 15.000 millones de dólares en beneficios conjuntos, de acuerdo con un estudio de Oxfam.
La nueva normativa europea es el resultado de más de una década de intentos fallidos de frenar la deforestación mediante compromisos voluntarios. A pesar de los esfuerzos que hicieron la sociedad civil, ONG y empresas por certificar el cacao libre de deforestación desde 2009 en Ghana, no se logró frenar la quema de bosques al no ser obligatorio. “La acción voluntaria no detendrá la deforestación en general en el mundo. Por eso siempre hemos apoyado esta legislación europea”, afirma desde Bruselas Vandewaetere, el responsable de Nestlé. A pesar de las primas por cumplir la EUDR, muchos agricultores, como Tenor y otros trabajadores de la cooperativa que prefieren no dar su nombre, se están planteando si seguir en este negocio. El aumento de los costes de producción como los fertilizantes o el transporte agravados por la crisis del estrecho de Ormuz, han reducido los márgenes de ganancias.
Son los europeos los que nos están engañando a los agricultores comprando más barato el cacao para hacer chocolate y obteniendo enormes ganancias
Patrick Newman, secretario de la cooperativa Boase Sibi, sentado junto a Francis Tenor, ha perdido la esperanza: “Más adelante, creo que no habrá mucha producción en el sector del cacao”. El secretario proviene de una familia donde varias generaciones han sido cultivadores de cacao, pero ante la situación actual, prefiere que sus hijos no retomen su oficio.
El presidente de la cooperativa asegura que la falta de rentabilidad está empujando a muchos de los jóvenes ghaneses a dejar la agricultura para ir a trabajar a las minas ilegales. Allí les pagan mejor. La demanda es tal que los agricultores que necesitan apoyo en las plantaciones han tenido que aumentar los salarios de sus trabajadores agrícolas ante la falta de mano de obra. Las empresas mineras están también comprando algunas tierras donde se cultiva el cacao cuando saben que hay oro debajo de las plantaciones. “40 acres de campos de cacao han sido vendidos a la minería no lejos de aquí”, afirma Tenor mirando hacia las montañas llenas de bosques. Prefieren obtener el dinero a corto plazo a seguir cultivando una fruta con la que apenas ganan dinero. El oro no entra dentro de las materias que la UE ha seleccionado para la EUDR aunque según Obed “el cacao ya no es la principal fuente de deforestación; en Ghana, es el oro”.
2026-08-03T14:30:23Z